Siete horas de trabajo y 20 tomas: el secreto detrás de la foto de Ischigualasto que asombra al mundo
La expedición comenzó entre las siete y las ocho de la tarde, cuando la luz solar se apagaba sobre el relieve desértico del Parque Ischigualasto. Antes de iniciar los disparos principales, Gonzalo Santile instaló una primera cámara en la Cancha de Bochas para dejar corriendo un time-lapse que registrara el avance completo de la noche. Luego, acompañado por los realizadores Marcos y Miriam Carrizo -quienes filmaban el detrás de escena-, se adentró en el terreno para ejecutar la puesta en estación del equipo, un procedimiento técnico milimétrico indispensable para que las estrellas no salieran movidas.
El trabajo de campo se extendió de manera continua hasta pasadas las tres de la madrugada. Para abarcar tanto la curvatura celeste como las texturas terrestres, Santile no tomó una imagen panorámica automática: capturó 20 fotografías individuales en formato vertical, ensambladas con extrema precisión para articular todo el arco estrellado y el suelo agrietado en una sola pieza de alta resolución del Valle de la Luna.
El escenario elegido no fue casual. Tras haber retratado en visitas previas las figuras más célebres del parque, como El Hongo o La Esfinge, Santile apostó por Las Bandejas, un sector característico de las excursiones de luna llena que ofrecía un horizonte despejado y grietas de arcilla ideales para componer en primer plano.
Esta apuesta coronó un hito singular: el Parque Provincial Ischigualasto fue premiado internacionalmente por segunda vez en lo que va del año gracias al lente de Santile. En mayo, su obra "Valle de la Luna, Universo Triásico Ischigualasto" había sido elegida entre las 25 mejores del planeta en el certamen Milky Way Photographer of the Year 2026 de Capture the Atlas. Ahora, el paisaje triásico sanjuanino volvió a deslumbrar al jurado de los Epson International Pano Awards, ingresando al Top 50 mundial de la categoría Naturaleza/Paisaje.
La doble distinción consolida al Valle de la Luna, Patrimonio de la Humanidad, como una vitrina de escala planetaria para el astroturismo, ratificando el valor científico y visual de uno de los cielos más limpios y oscuros del mundo.
Apostar a una sola carta frente a más de 4.000 obras
El mérito de este fotógrafo -cordobés por adopción- cobra aún más dimensión al considerar las condiciones del concurso. Nacido en Australia en 2009, el certamen de Epson reunió este año una cifra récord de 4.084 obras enviadas por 1.037 fotógrafos de 93 países. A lo largo de sus 17 ediciones (hasta 2026), el certamen se ha consolidado como el concurso de fotografía panorámica más grande del mundo. Competir allí demanda costos en moneda extranjera que Santile financió de forma enteramente personal y autogestionada.
"Mandé una sola foto porque es un concurso caro, hay que pagar y yo lo hago todo a pulmón: pago dólares para participar. Y, bueno, eligieron en el Top 50 la imagen de Ischigualasto, así que estoy recontento", relató el fotógrafo a TIEMPO DE SAN JUAN.
Con este reconocimiento, Santile suma un valioso galardón en la historia de los Epson Pano Awards, engrosando una trayectoria con lauros obtenidos en Londres, Estados Unidos, Rusia y Emiratos Árabes. Paralelamente, vuelca esta experiencia en masterclasses y talleres formativos, con la premisa de enseñar que la astrofotografía de paisaje es una disciplina al alcance de quien decida dedicarle paciencia, estudio y tiempo.
De administrador de empresas a cazador del cosmos
Detrás de las panorámicas que asombran a los jurados internacionales no hay improvisación, sino un metódico cruce entre disciplina profesional y pasión artística. A sus 53 años, Gonzalo Santile traslada la rigurosa planificación y el sentido ético de su formación como licenciado en administración de empresas directo al campo fotográfico.
Aunque nació en Capital Federal, se considera cordobés por adopción tras residir durante décadas en Villa Carlos Paz. Su fascinación por la astrofotografía nació de forma casi fortuita hace una década, durante una estadía en unas cabañas a oscuras en El Durazno (Córdoba), donde el cielo nocturno lo cautivó a tal punto que decidió retratarlo en el acto y quedó atrapado para siempre por el universo.
Con premios cosechados en certámenes de diversos países Santile encara cada expedición sin filtros digitales ni inteligencia artificial, apostando a capturar con autenticidad y paciencia los rincones astronómicos más limpios del planeta, como nuestro querido Valle de la Luna.
Con información de Tiempo de San Juan