A más de un año de las próximas elecciones presidenciales, el 61% de los encuestados dijo que quiere un cambio de Gobierno para 2027, según el Monitor Sociopolítico y Electoral elaborado en julio por el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
El relevamiento, basado en 2.895 casos a nivel nacional, también exhibe un escenario de fuerte desgaste para la administración de Javier Milei: el 58% desaprueba su gestión y el 59% califica como “muy mal” la situación social y económica del país.
Desde el Observatorio advirtieron que ese malestar es una condición necesaria para un recambio electoral, aunque no suficiente. Según explicaron, para convertirse en una mayoría efectiva esa insatisfacción necesita una oferta capaz de representar el descontento, reducir la incertidumbre y ordenar a un electorado que hoy aparece disperso.
En ese sentido, el informe sostiene que la medición no refleja una sociedad reconciliada con el Gobierno, pero tampoco una ciudadanía que haya encontrado una alternativa dominante. La distancia entre el juicio sobre la gestión y la definición del voto aparece, así, como uno de los principales datos políticos del estudio.
El trabajo también señala que el debilitamiento de Milei no se traduce de manera directa en un fortalecimiento equivalente de la oposición, ni en una adhesión inmediata a una eventual candidatura del gobernador bonaerense Axel Kicillof. De acuerdo con el análisis, persiste una polarización en la oferta, pero sin transferencias automáticas entre ambos polos.
Parte de quienes acompañaron a La Libertad Avanza reducen su identificación con el oficialismo o se distancian de la gestión, aunque sin encontrar todavía un espacio político que los represente. Ese cuadro puede derivar en indecisión, voto en blanco, búsqueda de terceras opciones o una definición tardía condicionada por la campaña.
La conclusión del estudio apunta a que la disputa de 2027 podría resolverse menos por la aparición de una mayoría nueva que por la capacidad de cada fuerza para retener a su propia base, recuperar a los sectores que se alejaron y convertir el rechazo difuso en una decisión electoral concreta. En ese marco, ninguna fuerza aparece hoy con una mayoría asegurada.