Comenzaron a abrirse las "grandes alamedas" y Chile empieza a dejar en el pasado el último legado de Pinochet

Mundo 17/05/2021 Por Vero Guzmán
Chile acudió a las urnas para dejar atrás la Constitución heredada de la dictadura y asestó un durísimo golpe a la derecha gobernante.
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"Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor". Con estas palabras Salvador Allende se dirigió por última vez a su pueblo desde La Casa de la Moneda mientras resistía el Golpe de Estado que horas antes había comenzado al mando del general Augusto Pinochet.

El 11 de septiembre de 1973 la prepotencia de las balas, con la complicidad de la CIA y la anuencia del gobierno de los Estados Unidos puso fin a la más original de las experiencias políticas de América latina y el mundo: crear una patria socialista desde las reglas de la democracia.
 
Ayer las alamedas que Allende anheló volver a ver en todo su esplendor comenzaron finalmente a abrirse y a dejar atrás el pesado legado de la larga noche pinochetista. El primer paso en ese sentido se dio en 1990 cuando Chile recuperó la democracia. Una democracia encorsetada por la Constitución que el propio Pinochet hizo a su medida y que buscó no solo garantizar la impunidad de los crímenes de Lesa Humanidad que perpetró al frente de La Moneda sino también perpetuar el proyecto neoliberal impulsado desde Washington que quiso convertir a Chile en el faro a seguir para el resto de la región.

 La chispa que encendió la mecha fue el nuevo intento del gobierno del derechista Sebastián Piñera de cargar sobre los cansados hombros de un pueblo empobrecido y denigrado por la violencia de la desigualdad un nueva suba en la tarifa del subte.

Una módica decisión que desató una verdadera revolución pacífica que puso en jaque todo lo que la derecha latinoamericana siempre quiso ver en Chile. De la noche a la mañana la vidriera chilena se rompió y ya no pudo ocultarse más que la joya liberal de la región era al mismo tiempo el país más desigual de esta parte del mundo.

Bajo el lema "Evasión masiva" la convocatoria a través de las redes sociales llamó a los jóvenes a saltar los molinetes como forma de protesta. Y toda una generación que no había vivido en carne propia la violencia del pinochetismo le plantó cara a sus herederos políticos para decir 'Basta'.

Los primeros y tímidos, aunque decididos, saltos de unos cuantos estudiantes secundarios se convirtieron pronto en masivas protestas callejeras. La onda expansiva ya fue imposible de detener y el aumento del subte, aquella chispa decisiva, se perdió en el fuego de una rebelión popular, inorgánica, sincera a más no poder, de un pueblo que salió a las calles a exigir el fin de un sistema destinado a perpetuar la desigualdad.

 El Congreso acordó llamar a un plebiscito para cambiar la Constitución en Chile. Foto: KRA Diario
Muy acostumbrado a apagar el fuego con más fuego, la derecha chilena le declaró la guerra a los miles de jóvenes que tapaban las calles deseosos de cambiar el destino que este modelo les había impuesto a sus padres y que prometía imponerles a ellos también.

"Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable" disparó en cadena nacional el presidente Sebastián Piñera totalmente desconectado de la realidad y dejó en los rifles de los Carabineros la solución al problema. La "solución" devino en escalada y dejó al descubierto que la democracia chilena estaba dispuesta, al igual que durante la dictadura de Pinochet, a sofocar a sangre y fuego cualquier movimiento que atentara contra los privilegios de la pequeña elite trasandina.

Hasta la propia primera dama admitió en un audio que se volvió viral, y con una evidente muestra de pesar, que iban a tener "que distribuir nuestros privilegios y compartir con los demás".

Ayer ese largo camino iniciado en octubre de 2019, cargado de dolor, de atropellos, de violaciones sistemáticas a los derechos humanos por parte de Carabineros, alcanzó un hito que promete cambiar Chile definitivamente.

 Los chilenos concurrieron a las urnas para elegir a los constituyentes que tendrán la tarea de redactar una nueva Constitución. Y el pueblo chileno le devolvió en forma de catarata de votos las balas disparadas por la represión. La derecha chilena sufrió una dura derrota y estará en minoría en la Convención Constituyente.

La coalición oficialista Vamos por Chile obtuvo apenas el 21% y quedó lejos de la suma de la oposición de izquierda y centroizquierda de 33% y, más aún, de la gran sorpresa de la jornada, el 45% que consiguieron las fuerzas independiente.

Así, de los 155 convencionales constituyentes, 48 serían independientes, mientras que la oposición lograría 52, el oficialismo 38 y los pueblos originarios se dividen los 17 escaños que estaban reservados para ellos.

Dos años después del inicio de las protestas Piñera finalmente comprendió qué es lo que sucede en el país que conduce por segunda vez. "No estamos sintonizando con las demandas y los anhelos de la ciudadanía" dijo luego de haberle declarado en 2019 la guerra. Ayer perdió la guerra en los centros de votación.

 Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor

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