
Simulan la resistencia de los diques de San Juan ante un terremoto de magnitud 7
INFOVALLEFERTIL INNOVA CJR¿Qué podría pasar con los diques de San Juan si la provincia enfrenta un terremoto de magnitud 7? La pregunta cobra especial relevancia en una región marcada por su actividad sísmica y donde las grandes represas cumplen un papel estratégico en la administración del agua y la generación de energía. Para responderla, la ingeniería cuenta con modelos numéricos que permiten simular el comportamiento de estas estructuras frente a movimientos del suelo de distinta intensidad y proyectar posibles deformaciones.
Francisco Zabala, quien dirigió entre 2003 y 2025 el Instituto de Investigaciones Antisísmicas (IDIA) “Ing. Aldo Bruschi”, dependiente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), explicó cómo se estudia la seguridad sísmica de las represas sanjuaninas. El especialista trabaja en el instituto desde 1982 y cuenta con una extensa trayectoria en el análisis y asesoramiento técnico de estas obras.
Su explicación pone el foco en una diferencia fundamental: una represa no necesariamente debe permanecer sin deformaciones ante un terremoto extremo, sino que debe conservar su capacidad de contener el agua y evitar consecuencias catastróficas.
“Las represas en San Juan tienen una seguridad muy elevada, tanto desde el punto de vista hidrológico como desde el punto de vista sísmico”, sostuvo a Diario La Provincia SJ, al referirse a obras como Caracoles, Punta Negra y Tambolar.

Cómo se simula el impacto de un terremoto sobre una represa
El análisis comienza antes de construir el modelo numérico. Primero, los especialistas estudian la amenaza sísmica de la zona para determinar qué fallas podrían generar movimientos capaces de afectar la estructura y qué características tendría esa acción.
“Las fuentes sísmicas serían de dónde vienen los eventos, de dónde vienen los terremotos”, explicó Zabala. Y agregó: “La falla puede producir una magnitud 5, magnitud 6, magnitud 7, depende del tamaño de la falla”.
En San Juan, indicó, la amenaza sísmica está asociada principalmente con fallas corticales. Como antecedentes de la capacidad de generar grandes movimientos en la región, mencionó el terremoto de 1944, de magnitud cercana a 7.4, y el de Caucete de 1977, de magnitud 7,7.
Con esos datos se define la acción sísmica que se utilizará en los cálculos. Los modelos permiten estimar cómo se transmitirían las fuerzas a través de la presa y qué deformaciones podrían producirse.
“Los métodos numéricos y la experiencia mundial permiten una evaluación de la seguridad de estas presas, por ejemplo, calculando sus deformaciones, para esa acción tan intensa”, señaló el ingeniero.

Los diques Caracoles, Punta Negra y Tambolar
Zabala explicó que las represas Caracoles, Punta Negra y Tambolar fueron verificadas con criterios internacionales de seguridad para grandes presas, incluidos los lineamientos del Comité Internacional de Grandes Presas (ICOLD).
Entre las acciones contempladas en esos estudios se encuentra un escenario sísmico con un período de retorno de 10.000 años. Se trata de una referencia probabilística para evaluar un evento excepcional, no de una predicción de que ocurrirá exactamente una vez cada diez mil años.
“Estamos hablando de una acción de muy baja probabilidad”, precisó.
Las evaluaciones no se limitan al cuerpo principal de las represas. También consideran aspectos como la fundación y los estribos, las zonas donde la estructura se apoya y se vincula con el terreno. “Esas presas han sido verificadas con modelos numéricos y con modelos más simples, y se han hecho todos los esfuerzos para su fundación, para la seguridad de los estribos”, detalló.
Punta Negra: los modelos se contrastaron con mediciones reales
Uno de los casos que permite observar cómo funcionan estas herramientas es el de Punta Negra. La presa cuenta con cinco acelerómetros que registran los movimientos en distintos puntos, incluida la base y el coronamiento, la parte superior de la estructura por donde pasa la ruta.
El equipo del IDIA utilizó registros del terremoto de 2021 en San Juan para construir un modelo y comparar los resultados calculados con las mediciones reales. “Nosotros hicimos un modelo con el registro del 2021, y lo comparamos el modelo con los registros reales”, contó Zabala.

Los cálculos no reprodujeron exactamente todos los valores observados, pero la aproximación fue satisfactoria. “No da exactamente lo que habíamos proyectado, pero da una estimación muy buena. Muy cercana”, afirmó.
Los instrumentos registraron una aceleración equivalente al 14% de la gravedad en la base, sobre la roca, mientras que en el coronamiento llegó al 35%. La diferencia mostró una amplificación del movimiento a medida que se transmitía por la estructura.
Pese a esas aceleraciones, el especialista indicó que no se observaron grietas ni descensos en la presa atribuibles a ese evento.
“La presa Punta Negra no tiene ningún tipo de muestra, nada, ni una grieta, ni un descenso, ni nada, absolutamente nada. Y soportó eso sin ningún problema”, sostuvo.
También señaló que Caracoles no presentó daños asociados a ese movimiento. La comparación entre las simulaciones y los registros de campo aporta información para comprobar cómo responden las estructuras y ajustar los modelos utilizados en futuros análisis.
Cuánto podría deformarse una presa ante un sismo excepcional
Uno de los indicadores que los ingenieros estudian es el descenso del coronamiento. Ese cálculo permite estimar cuánto podría bajar la parte superior de la represa y evaluar si conservaría suficiente margen para contener el agua.
Zabala explicó que ese margen se conoce como revancha y representa la diferencia entre el nivel del agua y la parte superior de la obra. “Un parámetro, una muestra de la seguridad de la obra, puede ser estimar el descenso del coronamiento”, señaló.

En los modelos que mencionó, para una acción sísmica excepcional con un período de retorno de 10.000 años, se proyectaron descensos del orden de dos o tres metros en los escenarios analizados.
Esos valores corresponden a las simulaciones descritas por el especialista y no deben interpretarse como una predicción exacta para cualquier terremoto de magnitud 7. La respuesta depende de la intensidad del movimiento en el lugar y de las características de cada presa.
“Cuando tenga dos o tres metros va a haber deformaciones, pero el objetivo de ese terremoto de 10.000 años es que la presa se mantenga conteniendo el agua”, explicó.
En ese escenario, la seguridad no se mide únicamente por la ausencia absoluta de daños, sino por la capacidad de la estructura para evitar una falla catastrófica y proteger a la población. “Uno no pretende que no tenga daños, sino que no haya víctimas y que los daños sean más o menos reparables, dependiendo de la intensidad del terremoto en el lugar y del diseño”, afirmó Zabala.
Más de tres décadas de asesoramiento en seguridad de presas
La experiencia del IDIA en este campo se remonta a la década de 1990. Zabala recordó que el instituto asesoró en cuestiones vinculadas con la construcción de Cuesta del Viento hasta el llenado del embalse, en 1998. “Nosotros empezamos con la Secretaría de Recursos Energéticos en su momento, en el año 1994, y antes también”, relató.
Desde 2004, el equipo también ha trabajado en asesoramiento para el EPSE en materia de seguridad de las obras. Las tareas abarcan no solo la respuesta ante terremotos, sino también el análisis geotécnico de taludes, fundaciones y estructuras auxiliares, como los aliviaderos.
El especialista diferenció las cargas estáticas, que actúan de manera permanente por efecto de la gravedad, de las cargas dinámicas que aparecen durante un terremoto.
“La carga estática es la carga de gravedad, es la carga que tenemos todo el tiempo puesta. En cambio, la carga dinámica o la carga sísmica es una carga esporádica, excepcional, que viene con un terremoto”, explicó.
Los estudios combinan ese conocimiento técnico con simulaciones y mediciones sobre las obras. En una provincia sísmica como San Juan, permiten evaluar escenarios extremos y estimar si las represas pueden conservar su función esencial incluso cuando un movimiento de gran intensidad provoque deformaciones.
(La Provincia SJ)



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