Descubren una herramienta de más de 5300 años que reescribe la historia del Antiguo Egipto
Un hallazgo liderado por la Universidad de Newcastle (UN) transformó la comprensión sobre la ingeniería y la destreza tecnológica del Antiguo Egipto. Un minúsculo objeto de aleación de cobre, olvidado durante casi un siglo en las colecciones de un museo, fue identificado como el taladro de arco metálico más antiguo conocido, lo que sugiere una sofisticación tecnológica egipcia dos milenios antes de lo que se creía. Este descubrimiento obliga a los académicos a reconsiderar el surgimiento de herramientas complejas en las civilizaciones tempranas, algo que desafía paradigmas históricos y arqueológicos.
El artefacto, catalogado como 1924.948 A y conservado en el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Cambridge, fue excavado hace un siglo de un cementerio en Badari, en el Alto Egipto. Fue encontrado específicamente en la tumba 3932, correspondiente al entierro de un hombre adulto. Documentado inicialmente en la década de 1920 por el arqueólogo Guy Brunton, fue descrito simplemente como “un pequeño punzón de cobre, con una correa de cuero enrollada”, una clasificación concisa pero que resultó engañosa. Esta etiqueta superficial contribuyó a que el objeto, de apenas 63 milímetros de largo y un gramo y medio de peso, pasara desapercibido y sin el reconocimiento adecuado durante muchas décadas.
El análisis microscópico del objeto reveló patrones de desgaste inconsistentes con una perforación o raspado manual. En cambio, se observaron finas estrías, bordes redondeados y una ligera curvatura en el extremo de trabajo, características que apuntan a un movimiento rotatorio sostenido y fueron clave para la nueva interpretación. La prueba más contundente provino de seis espirales de una correa de cuero extremadamente frágil que aún envolvían el vástago. Los investigadores argumentan que era un vestigio de la cuerda de un arco, utilizada para accionar un taladro de arco, el equivalente antiguo de un taladro manual moderno. En este ingenioso mecanismo, una cuerda se enrollaba alrededor del eje del taladro y se movía de un lado a otro mediante un arco, lo que hacía girar rápidamente la herramienta para cortar el material con gran precisión.
La datación del taladro de Badari lo sitúa en el período Predinástico, específicamente en la fase Naqada IID (alrededor del 3300 al 3200 a.C.), hace más de 5300 años, un período fundamental que marcó la concepción de la monarquía, la escritura y la religión organizada en Egipto, incluso antes de la unificación del país bajo los primeros faraones. Esto contrasta drásticamente con la creencia anterior de que los taladros de arco solo aparecían en el registro arqueológico egipcio en épocas posteriores, como el Reino Nuevo (1550 al 1070 a.C.). El descubrimiento del taladro de Badari adelanta esta cronología en casi dos milenios, lo que reescribe la historia de la ingeniería egipcia.
Además de su función, la composición material del taladro también ofrece información valiosa sobre las capacidades tecnológicas de la época. El análisis químico, realizado mediante fluorescencia de rayos X portátil (pXRF), reveló que la herramienta fue fabricada con una inusual aleación de cobre. El coautor Jiří Kmošek, involucrado en el estudio, señaló que “el taladro contiene arsénico y níquel, con cantidades notables de plomo y plata. Una receta así habría producido un metal más duro y visualmente distintivo en comparación con el cobre estándar”. Kmošek agregó que la presencia de plata y plomo “podría indicar elecciones deliberadas de aleación y, potencialmente, redes más amplias de materiales o conocimientos que vinculaban a Egipto con el Mediterráneo Oriental más amplio en el cuarto milenio a.C.”, lo que sugiere un comercio o intercambio de saberes avanzado entre las civilizaciones.
Este estudio, vinculado al proyecto EgypToolWear financiado por UKRI (Horizon Europe Guarantee), subraya la importancia de las colecciones de museos y el potencial para que incluso los objetos más pequeños revelen descubrimientos trascendentales. Un objeto excavado hace mucho tiempo y descrito en una sola línea resultó ser una ventana no solo a la metalurgia temprana, sino también a un raro rastro de material orgánico que ofrece pruebas directas de cómo se utilizaba la herramienta en su tiempo y revela el ingenio de una civilización milenaria.
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