El uso de celulares en el aula gana regulación en 11 jurisdicciones del país
Un relevamiento indica que el 59% de los alumnos argentinos de tercer grado de primaria tiene celular, mientras que otros estudios internacionales señalan que limitar su uso en la escuela reduce las distracciones y el empleo de dispositivos durante la clase. Sin embargo, el impacto de esas medidas sobre los aprendizajes todavía presenta resultados ambiguos.
El trabajo fue elaborado por la ONG Argentinos por la Educación bajo el título "Celulares: ¿prohibir o no prohibir?" y analiza la expansión del acceso a estos dispositivos a partir de los datos de Aprender 2024. También examina la evidencia internacional sobre restricciones escolares y las regulaciones aplicadas en distintos países y provincias argentinas.
El informe señala que el 59% de los chicos de 3er grado de primaria en Argentina tiene celular propio, mientras que el 23% no posee uno personal pero utiliza el de su madre, padre o algún familiar. A nivel nacional, solo el 18% de los estudiantes de 8 años no tiene acceso a un teléfono celular. La publicación fue elaborada por Andrea Goldin, Martín Nistal y Tomás Besada.
Según el relevamiento, la tenencia de celulares muestra diferencias entre provincias y también por nivel socioeconómico. En Santa Cruz, Catamarca y Tierra del Fuego, más del 65% de los alumnos de tercer grado tiene celular propio, mientras que en Misiones y Formosa la proporción ronda el 40%. Además, el 63% de los estudiantes del quintil más alto cuenta con un dispositivo propio, frente al 52% del quintil más bajo.
El documento agrega que en secundaria la tenencia es aún mayor y alcanza al 90% de los estudiantes, según datos de Aprender 2023. En ese marco, destaca que la preocupación por el impacto de los celulares en la atención, el aprendizaje y el bienestar impulsó en los últimos años la expansión de políticas que restringen su uso en las escuelas.
La investigación sostiene que la evidencia internacional es dispar. Algunos estudios muestran mejoras en el rendimiento académico, sobre todo entre alumnos de bajo desempeño o de sectores vulnerables, pero otros no encuentran cambios significativos, incluso cuando las restricciones son estrictas. En los casos en que aparecen mejoras, estas suelen ser moderadas.
Lo que sí reflejan la mayoría de los trabajos, según el informe, es una baja en el uso del celular y en las distracciones dentro del aula. Las medidas más severas, que limitan el acceso durante la jornada escolar, generan una reducción importante del tiempo de uso, aunque esos cambios no siempre se traducen en mejores aprendizajes.
El estudio también menciona resultados diversos en convivencia y bienestar estudiantil. Mientras algunas investigaciones observan una disminución de situaciones de bullying, otras no registran efectos significativos sobre el clima escolar. En paralelo, la regulación del uso de celulares se consolidó como un tema central de la agenda educativa internacional.
De acuerdo con datos de UNESCO, la proporción de países que aplicaron algún tipo de restricción formal pasó de menos de una cuarta parte en 2023 a cerca del 60% en 2026. Entre los modelos citados figuran países con prohibiciones generales, otros que habilitan el uso solo con fines pedagógicos y bajo supervisión docente, y sistemas descentralizados donde cada escuela define sus normas.
En Argentina, el informe subraya que no existe una normativa nacional unificada. Al menos 11 jurisdicciones, equivalentes al 45% de las provincias, avanzaron con leyes, resoluciones o protocolos propios, mientras que el 55% restante todavía no cuenta con marcos regulatorios definidos. CABA, Santa Fe y Formosa aplicaron limitaciones amplias en inicial y primario, la provincia de Buenos Aires las restringe solo en secundaria y Mendoza autoriza su uso únicamente con fines pedagógicos y bajo supervisión docente.