La conmovedora historia de Punch, el monito que fue abandonado por su madre y que encontró consuelo en un peluche

El pequeño macaco del Zoológico de Ichikawa, que se hizo viral en redes sociales por abrazar un orangután de peluche, ya inició su integración con ejemplares de su misma especie. Las tiernas imágenes.
Viral23/02/2026INFOVALLEFERTIL INNOVA CJRINFOVALLEFERTIL INNOVA CJR

La historia de Punch, el pequeño macaco japonés que fue abandonado por su madre poco después de nacer, parecía destinada a convertirse en otro relato triste del mundo animal. Sin embargo, meses después, el desenlace comienza a tomar un rumbo diferente: el joven primate ya empezó a ser aceptado por miembros de su misma especie, marcando un verdadero final feliz.

Todo comenzó en el verano pasado, cuando el equipo del Zoológico de Ichikawa, ubicado en la periferia de Tokio, tuvo que intervenir para garantizar su supervivencia. En la naturaleza, las crías de macaco dependen casi por completo del contacto físico con sus madres. Permanecen aferradas a su pelaje durante gran parte del día, una conducta que regula su temperatura, su ritmo cardíaco y su estabilidad emocional.

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Punch.-

Ante la ausencia materna, los cuidadores implementaron una solución basada en estudios de comportamiento animal: primero utilizaron toallas para que Punch pudiera sujetarse a algo, pero finalmente optaron por un peluche de orangután de textura suave y color llamativo.

Y es que el objeto no fue un simple juguete para él, sino un recurso de transición psicológica. El instinto de agarre en los primates es primario y, sin ese punto de apoyo, el estrés podría afectar su sistema inmunológico y comprometer su crecimiento.

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Punch.-

Punch, el mono abandonado, finalmente encuentra cariño entre su especie

Las imágenes del pequeño abrazando con fuerza su peluche se viralizaron rápidamente, generando una ola de ternura y empatía en redes sociales. Pero mientras el mundo observaba el costado más emotivo, el trabajo interno del zoológico era constante: alimentación con mamaderas especiales cada pocas horas, monitoreo térmico y supervisión veterinaria permanente.

El objetivo siempre fue claro: evitar la humanización excesiva y preparar al mono para su verdadera meta, la integración con su grupo. Ese proceso, delicado y progresivo, finalmente comienza a dar resultados. Punch ya comparte espacios con otros macacos y fue visto abrazando a dos de ellos, un gesto que representa mucho más que una imagen conmovedora: es la señal de que aprendió los códigos sociales de su especie.

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