A 100 años de la radio, ese espectacular fenómeno mediático que revolucionó la comunicación del siglo XX

Este jueves 27 es el centenario de la radiodifusión en Argentina. Se recuerda aquella noche de agosto, en la que los denominados “Locos de la Azotea” realizaron la primera transmisión radial en el mundo desde la terraza del Teatro Coliseo en Buenos Aires.
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Aquella noche del invierno porteño encontró a un médico entrerriano frente al enorme portal de la historia. Con voz de barítono, segura y firme, Enrique Susini anunció las primeras palabras que viajarían hacia la eternidad radiofónica. Un micrófono, un transmisor de cinco vatios y una antena en la terraza del Teatro Coliseo fueron lo necesario como para empezar un sueño que se alargaría por 100 años. Y mientras César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica, sus compañeros de semejante aventura lo miraban expectante, el restante “loco” decía: “Señoras y señores, la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el Festival Sacro de Ricardo Wagner, ‘Parsifal’. Con la actuación del tenor Maestri, y la soprano argentina Sara César, todos bajo la dirección de Félix Von Weingarten, secundados por el coro y orquesta del teatro Costanzi de Roma”. A pesar que una radio de Pittsburgh, en Estados Unidos, quiera apropiarse el honor, la de los Locos de la Azotea fue la primera transmisión del mundo.

 A partir de ese momento, los casi 50 aparatos que tomaron esa primera emisión radial se multiplicaron por todo el planeta para replicar en cada casa un fenómeno que fue protagonista indispensable en las comunicaciones del siglo XX. La radio, pasó a instalarse en cada hogar, para informar, entretener y formar. A veces, con acontecimientos mágicos que deleitaban como el radioteatro. Otras, contando sobre hechos que marcaron la historia de la humanidad como una guerra o los golpes de Estado. Sea como fuere, la radio siempre estuvo para transportar al oyente hacia donde su imaginación le permitía llevarlo.

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La radio en Argentina tuvo y tiene un significado especial. Fue a la par de los sucesos políticos, económicos, sociales, deportivos y culturales. Se transformó además, en la compañía de aquellos que transitaron en la soledad de algún trabajo o estudio, largas horas de mañana, tarde, noche y madrugada.

 La radiodifusión catapultó a grandes figuras de la actuación. Con el surgimiento del radioteatro en los años ’40 y ’50, supo entretener de una manera excepcional a la familia entera. Los mejores actores y actrices desfilaron por los grandes estudios radiales, en donde, además de potenciar su caudal actoral, desarrollaron a través de objetos o simples golpes en alguna parte del cuerpo, sonidos épicos como la lluvia, el trote de un caballo o el motor de un vehículo. Algo parecido sucedió con aquellas figuras de la música. Antes de ser ovacionados en los mejores escenarios, tuvieron que pasar por el micrófono de una radio.

 Esos personajes supieron acaparar la atención del oyente, hacerlo imaginar mundos ficticios y dramas caóticos. El ejemplo más claro fue cuando un programa de radio en Estados Unidos alertó sobre una invasión extraterrestre, lo que generó pánico masivo en la población. El 30 de octubre de 1938, la adaptación radiofónica de una novela causó la histeria de un país, en especial de la ciudad de Nueva Jersey y su vecina Nueva York. Orson Welles realizaba un programa semanal para la Columbia Broadcasting System dramatizando algunas obras muy conocidas. Ese día iba a contar la novela de H. G. Wells “La Guerra de los Mundos”. Todo transcurría sin problemas hasta que llegó el paréntesis musical. La gente cambió de emisora y creyó la falsa invasión. Al iniciar el programa, Welles había avisado de que lo que iban a escuchar era la novela del mismo nombre guionizada para radio, que todo era ficción. Pero los que se conectaron más tarde no escucharon ese mensaje. Así, comenzó una espiral de histeria que acabó con las comisarías colapsadas en llamadas telefónicas, sobre todo en Nueva Jersey, donde se inició el ataque extraterrestre y los marcianos estaban causando estragos entre la población. O al menos eso creía la gente, porque la radio estaba contando el fin del mundo en directo. Otros creían que la Alemania nazi estaba atacando los Estados Unidos. Lo cierto es que el protagonista interpretado por Wells, el profesor Pierson, para calmar los ánimos finalizó el capítulo que duró una hora, eliminando a los marcianos y anunciando la victoria terrícola. Aunque ya era demasiado tarde y la locura se había apoderado de la ciudad. Todo porque la gente creyó sin ningún tipo de dudas lo que decía la radio.

 Hay miles de hechos reales que también valieron la pena contar. Tanto en el mundo como en Argentina. Por ejemplo, la transmisión de la pelea entre Ángel Firpo y Jack Dempsey de 1923, el último mensaje de Carlos Gardel antes de su muerte, el anuncio del inicio de la Segunda Guerra Mundial; el renunciamiento histórico a la candidatura para la vicepresidencia de Eva Perón y la llegada del hombre a la Luna.

 San Juan fue pionera. Radio Mercado primero, González después, que luego fue Radio Los Andes para terminar siendo Sarmiento, comenzaron con las primeras transmisiones. Hay discusión en la disputa con Radio Grafiggna, sobre quien fue primero. Pero de la investigación de la historiadora Carolina Olivares surge que la emisora bodeguera fue la primera al obtener en 1930 el permiso oficial del Estado nacional. Esta emisora que luego se transformaría en Colón. De paso, cabe recordar que esa brodcasting surgió como una necesidad de la empresa para conectarse con su bodega en Ullum. Luego vieron que económicamente era rentable y le dieron contenido radial.

 En San Juan el radioteatro también hizo de las suyas. Con figuras descollantes como Alberto Vallejos y su León de Francia. Sarita Valles, Liliana Dávila, Óscar Donaire, Jorge Darío Bence, Santos Domingo Quinteros, entre los más destacados.Hasta que llegó la época de oro de Colón y Sarmiento de los años ’70 y ’80. Con excepcionales locutoras como Nilda Delgado, Lidia Gómez Brun, y locutores de la talla de Rony Vargas, Pepe de la Colina, Mario Pereyra, Luis Yunes. El tango de la mano de Guido Iribarren o el folklore y la cultura popular con el Alero Huarpe y el Aparcero Mayor de Cuyo. Las enormes transmisiones deportivas del fútbol, del hockey sobre patines y el ciclismo con Hugo Rodríguez, Horacio Lucero, Jorge Germán Ruíz y Enrique Pinardi. La Banda del Tío Melchor, la música popular con Hugo Mesina y su ATC, A todo cuarteto, o el rock en los ’80 de la mano de Gustavo Gelberz y sus Ondas Verdes por Radio Nacional.

La radiodifusión sanjuanina tiene mucho para contar. Innumerables personajes y un recorrido difícil de superar. Anécdotas de hombres y mujeres de bien, historias del pueblo. En este centenario, el desafío está en cómo seguir en medio de una crisis mundial inesperada. Cómo alentar a las futuras generaciones para que el sonido, que se filtra por las paredes como decía el Negro Fontanarrosa, vuelva a tener protagonismo en la sociedad. Con otras leyes, con otra tecnología, pero con la misma pasión y locura que impregnaron hace cien años aquellos “Locos de la azotea”.

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